Western
LOS VILLANOS

Frente al maniqueísmo biempensante de muchos de los héroes del western, el villano provoca muchas veces nuestra simpatía y nuestro interés. Sin villano no hay western posible. Reducido el género, muchas veces, a lucha entre el bien y el mal, a ejemplo moralizador, la personificación del "malo", del otro peso de la balanza, tiene un atractivo al que pocos actores han sabido escapar. Incluso un actor clásicamente "ejemplar" como Henry Fonda, ha sido el obcecado mitómano coronel Thursday de Fort Apache, o el cínico sheriff-ladrón de
El día de los tramposos (there Was a Crooked Man......, 1970), de Joseph L. Mankiewicz.

La mayor parte de los grandes villanos del Oeste han sabido estar a ambos lados de la ley. Richard Widmark, extraordinario rufián de Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), de William A. Wellman, o de Desafío en la ciudad muerta (The Law and Jake Wade, 1958) de John Sturges, ha sabido ser el honrado capitán del El gran combate. Como villano, Widmark ha sido el perfecto bandido sin escrúpulos, cínico y carente de la necesidad de disimular su villanía. Como Jack Palance en Raíces profundas, su sola presencia denota el carácter del personaje.

Todo lo contrario representa uno de los grandes actores secundarios de Hollywood, Arthur Kennedy. Kennedy es, sobre todo. El hombre retorcido y farisaico que enmascara continuamente sus autentica intenciones. Una de sus primeras apariciones cinematográficas, Murieron con las botas puestas, nos lo muestra como intrigante comerciante que provoca indirectamente la batalla de Little Big Horn. En dos filmes de Mann, Tierras lejanas y El hombre de Laramie (The Man from Laramie, 1955), Arthur Kennedy aparece bajo rasgos amables y atractivos que disimulan su carácter real. Sólo en un poco conocido filmThe Naked Daw (1955), de Edgar G. Ulmer, se presentará como auténtico villano. Su rehabilitación tendrá lugar en una de las más brillantes secuencias de El Gran combate y del cine de Ford en general: la "batalla" de Dodge City contra los indios, en la cual es un curioso "Doc" Holliday, tan divertido como el extraordinario Wyatt Earp que representa James Stewat.

El villano más atractivo del cine de estos últimos tiempos es, posiblemente, Lee Marvin .Lanzado al estrellato tras muchos años de carrera, en su primera etapa fue un rufián que, no solamente tenía todos los atributos del arquetipo (cinismo, violencia, crueldad), sino que les añadía una considerable dosis de sadismo, acentuado por su peculiar forma de interpretar, mezcla de exhibicionismo y contención, que hoy, al parecer, ha abandonado, para dedicarse a interminables recitados de muecas variadas. En Seven Men from Now (1956), de Budd Boetticher, o en El hombre que mató a Liberty Balance, donde Ford, inteligentemente, le hace interpretar un "malo" típico, reducido a un esquematismo que le convierte casi en un absurdo, Marvin fue un rufián de primera categoría hasta lograr su fama actual.

 

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