Western
CIELO AMARILLO
(Yellow Sky, William A. Wellman, 1948)

  

Espejismo en un desierto de sal.

Cielo amarillo es un gran western que se adelanta en el tiempo y abre nuevos caminos para el género. Algunos de sus reflejos modelan ideas o personajes del posterior cine de Anthony Mann o de Budd Boetticher. Dentro del sentido audaz, extraño del cine de William A. Wellman, es fiel incluso a la mezcla de géneros y tendencias que se encuentran en su obra. Se trata, sin duda, de uno de sus western más brillantes, género en el que logró obras de calidad de The Ox - Bow Incidente (Incidente en Ox-Bow, 1943),
Buffalo Bill (Las aventuras de Buffalo Bill, 1944). Across the Wide Misouri (Mas allá del Missouri, 1951), Westward the women (Caravana de mujeres, 1951)... junto a otros títulos, que de una manera u otra devuelven las raíces de los films del Oeste, como la admirable Beau Geste (1939) o la inclasificable y sugerente Track of the Cat (El rastro de la pantera, 1954).

Pero con todos esos y otros varios, títulos de calidad, Wellman suele ser uno de los grandes olvidados de la época gloriosa de Hollywood, al ser eclipsado por otros grandes nombres de aquel período. Cielo amarillo, de pulso firme, brillante en la resolución de sus secuencias alguna, como la del comienzo en el bar, repite una semejante de Incidente en Ox-Bow, posee una atmósfera mágica y fantasmal ante la presencia de un paisaje surrealista, que refleja el caminar de sus escasos personajes: ambos terminan fundiéndose en su propio sentido destructivo.

El film, como la mayor parte de los westerns, representa el itinerario físico y moral de uno de los hombres-unos bandidos, un buscador de oro y su nieta- "a los que la guerra ha desmoralizado y ha puesto en el camino del mal"- la guerra es uno de los temas recurrentes de la obra de Wellman-. Todo su sentido se encuentra en el conocimiento de unos personajes, cuyos diferentes puntos de vista conducen al enfrentamiento personal en un camino sin retorno para unos, y de idea y vuelta- desde nuevas perspectivas- para los otros.

Oro-codicia, egoísmo - deseo, dignidad - poder: temas de siempre se convierten en nuevos y sugerentes ante el tratamiento del film, cuyo conflicto estalla en la ciudad fantasma surgida como un espejismo al final del desierto de sal. La historia narrada es simple: una banda de malhechores, ladrones de bancos, para escapar de sus perseguidores después de uno de sus robos, atraviesa un desierto de sal en cuyo extremo se encuentra una ciudad desnutrida, un inquietante lugar con rasgo de protagonistas.

Cielo amarillo cuenta con una interpretación conjunta excepcional, en la que destaca un primerizo Richard Widmark. ¿Qué más se puede valorar del film? Bastante más, tanto en un sentido implícito como explícito. Por ejemplo, la curiosa lección que sobre la autoridad propone el jefe de la banda (Gregory Peck) a sus compinches, al negarse a "admitir cualquier votación, aunque se viva en un país libre" - curiosamente, Wellman acababa de realizar The Iron Curtain (El telón de acero) - o la necesidad de ser fiel a la palabra dada, sin olvidar la constante vuelta - recuerdo o presencia - al pasado: Widmark asegurando que la mujer que le abandonó es igual que Anne Baxter; el chico recordando a la familia; Peck añorando, también su hogar...

La secuencia final demuestra, como otras muchas, el saber de Wellman para dibujar a los personajes. Así, el protagonista entra en el banco igual que lo que ha hecho siempre: ordena poner las manos en alto para...terminar devolviendo el dinero que ha robado al comienzo. En realidad es la única forma que conoce de realizar ese acto. Los detalles, en esta brillante secuencia, son antológicos: el no saber Peck cómo moverse, la pistola sobre su cara, la señora dispuesta a entregar el dinero... Y es que la valoración del detalle, observación de las reacciones de los personajes es constante en el film: la secuencia del comienzo en el bar - la botella y los vasos pasando de unos a otros mientras la mirada permanece fija en un cuadro -; Anne Baxter descubriendo sobre la pared el dibujo de una dama como reflejo de su femenidad recién descubierta; el abuelo tapándose con una sabana; Baxter y Peck diciéndose sus nombres a la puerta de la casa...

Pero si tuviera que señalar mi secuencia favorita, sería sin duda el antológico duelo final, tanto por su manera de plantearse- un enfrentamiento negado a la mirada del espectador y enriquecido con pequeños apuntes, como el sonido de los percutores avisando de la presencia de otro -, como por la forma de descubrir posteriormente el resultado del mismo ante los descubrimientos - y angustia - de la protagonista - la ruleta parándose, el oro cayendo de una bolsa, el pie de uno de los muertos, la respiración de Peck - La secuencia concluye con una brillante elipsis, que conduce a la devolución del dinero al banco: el círculo se ha cerrado.

Film espléndido, ejemplar, que señala, sin duda, una de las cimas del western moderno.

Adolfo Bellido
Nickel Odeon '96

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