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EL CRIMEN PERFECTO

Los films criminalistas han ido perfilando con el tiempo sus matices, extremando sus métodos de emoción. No es igual hoy un film de detective que en 1930, cuando triunfaba la serie de S.S. van Dine, escritor de moda que dictaba con sus teorías las reglas del crimen. Las causas de tal disparidad en un lapso de cuarenta años son obvias. La novela - problema cedió paso a la de una intriga más estructurada y compleja. El arte cinematográfico dio curso a la solución racional, aderezada con al largo discurso sorpresivo del detective, pasando a una visión directa y brutal del homicidio realizado sin ninguna restricción. Se volvió más tarde a una mayor visualización de los problemas y a una más sustancial carga sádica en sus planteos. La agresión al espectador era evidente, obligándole a participar en el caso como individuo complicado y no como espectador pasivo. Los tratados criminalistas y la ingente cantidad de literatura amarilla están de acuerdo en que no hay crimen perfecto; en que, tarde o temprano, el culpable deberá pagar su delito. Es una teoría discutible , pero sagaz y preventiva. El cine la asimiló a la perfección , ya que en la pantalla el que la hace la paga. Precisamente con el título de Crime Does Not Pay ( El que lo hace lo paga) fue rodada en 1935 - 47 una serie de cortos para la Metro, cuya ejemplaridad no se reducía a mostrar una vulnerabilidad del delito, sino que suponía admirables ejercicios de comprimida emoción y de saludable suspense.

Con esquemas parecidos - el botín escondido para ser recuperado en tiempos más propicios para el ladrón -, no funcionaba tan bien el argumento de El criminal ( The Criminal, 1960), realizado por Joseph Losey. Bien es cierto que Losey no estaba satisfecho del guión, según declaraciones a Tom Milne: " Decir que no me sentía satisfecho del original no me parece lo bastante explícito: se trata de un guión increíblemente falso, vulgar y barato, con ciertos elementos melodramáticos tomados - al menos en mi opinión - de viejas películas americanas de tema carcelario, y que tenía poco o nada que ver con la sociedad inglesa . En ningún momento me interesó aquel guión en lo más mínimo, pero nos lo ofrecieron a Stanley Baker y a mi. Al haber trabajado juntos en La clave del enigma ( Blind Date, 1959), cada uno de nosotros lo aceptó con la condición de que el otro lo hiciera también . Y gracias a esta combinación se pudo conseguir un cierto grado de fuerza, aunque no tanta como cabría pensar , que me permitiese llegar a un guión completamente nuevo."

 

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