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El pecado y su represión, hasta la llegada del castigo, se resolvían en poco espacio. Se trataba de una moral fabricada prestamente para saborearla al mismo tiempo en la puerta del cine. Historia de un crimen (Histoire d'un crime, 1901), de Ferdinand Zecca, ilustre incunable cinematográfico, ofrecía todas aquellas garantías exigidas a los relatos criminalistas de la época. Es así que la moral y la seguridad, tan arraigadas y definidas por las llamadas fuerzas del orden, no mellarían las buenas costumbres , base para su prosperidad social. Obligatoriamente, ese cine negro que vamos a repasar, se sustenta en iguales premisas que la novela amarilla, cuyas normas u objetivos le servían, de momento, a despecho de una independencia de estilo que lo haga definitivamente valido.
En los 110 m de la película quedaba establecida toda una teoría de la narrativa de intriga, cuyas incidencias podemos seguir a través de sus cuadros:1) asesinato en plena noche del vigilante de un banco; 2) detención del asesinato; 3) careo con los testigos; 4) el tribunal; 5) la prisión; 6) el ultimo día de un condenado a muerte; 7) la ejecución.
Género, por otra parte, de gran riqueza sugestiva a la hora de crear mundos de portentosa tabulación; reprobable en su trasfondo para los celadores de una moral al uso, pero de apasionada emoción, por cuanto el hombre, suprema medida de todas las cosas, se manifiesta autentico en sus pasiones y miserias.
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