Misterio - Terror
EDGAR ALLAN POE

Ningún escritor ha procurado tal variedad de argumentos al cine de terror. Desde un punto de vista absoluto, cuantitativo, el éxito de Poe en la cinematografía fantástica no es quizá necesariamente superior al de Bram Stoker o Mary Shelley: la filmografía de Drácula o del monstruo de Frankenstein probablemente iguala y aun supera a la inspirada por los relatos de Poe. Pero, desde un punto de vista relativo, Poe es el rey del género en el cine como lo es en la literatura: si, a fin de cuentas , Stoker y Mary Shelley se han limitado a procurar un único tema que ha servido a un sinfín de guionistas para urdir con mejor o peor arte intrigas casi siempre muy alejadas de las obras literarias que las han inspirado, Poe, en cambio, ha suministrado multitud de argumentos y, con raras excepciones , ha sido más respetado que aquellos. Ninguno de los temas de Poe ha llegado, bien es verdad, constituirse en un clásico arquetipo del género ; pero son varios los que se han llevado al cine en más de una ocasión y, por lo general, las cintas que han inspirado están lejos de lo vulgar.

Por otra parte, Poe ha tentado con notable frecuencia a realizadores no especializados en cine terrorífico ; sus relatos son principalmente visiones poéticas que materializan arquetipos del inconsciente : es lógico que haya atraído, no sólo a quienes aspiraban a sorprender o atemorizar al público , sino también a quienes obraban con propósito de arte.

El realizador que ha utilizado de modo más masivo e indiscriminado los temas de Poe ha sido sin duda Roger Corman. Infatigable stajanovista de la serie B, Corman ha dado pruebas de una personalidad y talento poco comunes en los cineastas que han trabajado en este apresurado e ingrato sistema de producción de cine de consumo. Desde 1954, su filmografía interrumpida - en un solo año, 1957, llegó a realizar siete films - ha abarcado, como director y como productor, una larga serie de títulos, que van del western a la ciencia ficción, las evocaciones prehistóricas, al alegato antirracista - The intruder ( 1962) - y el film musical destinado al público juvenil. Mediada la década de los sesenta , Corman se independizó. A partir de entonces, su actividad, más ambiciosa tanto en el terreno de la producción como en el de la realización - iniciada en Los ángeles del infierno ( The Wild Angels, 1966), curioso y fallido film sobre la violencia de las bandas juveniles y sus connotaciones misticoides y neonazis , en Estados Unidos - ha sido más espaciada y desigual. El ciclo de cintas sobre relatos de Poe, que corresponde a su última etapa de artesano de la serie B y comprende básicamente seis títulos realizados para la productora American Internacional, son los siguientes :

El péndulo de la muerte ( The Pit and the Pendulum, 1961), La obsesión ( The Premature Burial, 1961), The Fall of the House of Usher( 1961), Historias de terror ( Tales of terror, 1961), The Raven ( 1962) y The Masque of the Red Death ( 1963). Corman realizó estos films sirviéndose de un equipo muy homogéneo, cuyos pilares básicos eran el guionista Richard Matheson - autor de notables novelas de ciencia-ficción - y el veterano y muy competente operador Floy Crosby, que había sido responsable , entre otros títulos , de la fotografía de Tabu (1931), de Murnau. El esquema de estas cintas es siempre el mismo : se recoge la situación central del relato de Poe, pero, ya sea para insistir más en el horror que en lo fantástico, ya para ampliar a las dimensiones de un largometraje un tema pensado para relato corto - problema central con el que han tropezado los adaptadores cinematográficos de este escritor - , Corman y sus colaboradores rehuían a menudo las explicaciones sobrenaturales para convertir los sucesos en resortes de una intriga criminal y, en cualquier caso, introducían nuevos elementos. Ello se hacía con buen criterio, pese a tratarse de cintas comerciales, destinadas al consumo en circuitos de exhibición secundarios: el sentido plástico de Corman , servido por la experiencia de Floyd Crosby, hacía posible que perdurara en ellas, a pesar de los cambios introducidos , el espíritu y el clima de Poe.

El péndulo de la muerte adaptaba uno de los más breves y concentrados relatos de Poe; también uno de los más angustiosos. En el relato de Poe, un condenado preso por la Inquisición era sometido a una espantable tortura: un movimiento pendular iba acercando, lenta pero inexorablemente , una cuchilla a su cuerpo. Sabía con toda certeza , que en las reducidas dimensiones del recinto no le iba a ser posible escapar a su destino.

El relato, con todo, tenía un final liberador: las tropas francesas - la acción se situaba, pues, en 1808 - entraban en Toledo , escenario de la acción . Dejando de lado su inverosimilitud respecto a la época en que se sitúa la historia y aun respecto a las prácticas usuales de la Inquisición , la historia es una de las cumbres del horror en Poe. En Corman , adquiría complejas ramificaciones: junto con otros aparatos de tortura , el Péndulo maldito se encierra en los sótanos de la lóbrega mansión de un noble sádico, pelele ciego de las obsesiones eróticas y del fanatismo. ( Es muy notable siempre el papel de las implicaciones freudianas en las cintas de Corman y su intento de rehuir la tipología esquemática de los malvados reducidos a simples fantoches de la crueldad: en estas obras existe siempre un esbozo de estudio psicológico original y la acción de los villanos remite a taras psíquicas y aun a acondicionamientos sociales.)

El reparto era un acierto : reunía a Vincent Price - cuya apostura inquietante le había valido ya el papel del director del museo en la versión de Los crímenes del museo de cera ( The House of Wax, 1953), dirigida por André de Toth, como anteriormente el del misterioso castellano en El castillo de Dragonwyck ( Dragonwyck, 1946), de Joseph L. Mankiewicz -, que incorporaba al siniestro noble, y al nuevo mito del cine de horror, Barbara Steele, en un adecuado papel de mujer perversa.

 

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