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Por otra parte, Poe ha tentado con notable frecuencia a realizadores no especializados en cine terrorífico ; sus relatos son principalmente visiones poéticas que materializan arquetipos del inconsciente : es lógico que haya atraído, no sólo a quienes aspiraban a sorprender o atemorizar al público , sino también a quienes obraban con propósito de arte. El realizador que ha utilizado de modo más masivo e indiscriminado los temas de Poe ha sido sin duda Roger Corman. Infatigable stajanovista de la serie B, Corman ha dado pruebas de una personalidad y talento poco comunes en los cineastas que han trabajado en este apresurado e ingrato sistema de producción de cine de consumo. Desde 1954, su filmografía interrumpida - en un solo año, 1957, llegó a realizar siete films - ha abarcado, como director y como productor, una larga serie de títulos, que van del western a la ciencia ficción, las evocaciones prehistóricas, al alegato antirracista - The intruder ( 1962) - y el film musical destinado al público juvenil. Mediada la década de los sesenta , Corman se independizó. A partir de entonces, su actividad, más ambiciosa tanto en el terreno de la producción como en el de la realización - iniciada en Los ángeles del infierno ( The Wild Angels, 1966), curioso y fallido film sobre la violencia de las bandas juveniles y sus connotaciones misticoides y neonazis , en Estados Unidos - ha sido más espaciada y desigual. El ciclo de cintas sobre relatos de Poe, que corresponde a su última etapa de artesano de la serie B y comprende básicamente seis títulos realizados para la productora American Internacional, son los siguientes :
El relato, con todo, tenía un final liberador: las tropas francesas - la acción se situaba, pues, en 1808 - entraban en Toledo , escenario de la acción . Dejando de lado su inverosimilitud respecto a la época en que se sitúa la historia y aun respecto a las prácticas usuales de la Inquisición , la historia es una de las cumbres del horror en Poe. En Corman , adquiría complejas ramificaciones: junto con otros aparatos de tortura , el Péndulo maldito se encierra en los sótanos de la lóbrega mansión de un noble sádico, pelele ciego de las obsesiones eróticas y del fanatismo. ( Es muy notable siempre el papel de las implicaciones freudianas en las cintas de Corman y su intento de rehuir la tipología esquemática de los malvados reducidos a simples fantoches de la crueldad: en estas obras existe siempre un esbozo de estudio psicológico original y la acción de los villanos remite a taras psíquicas y aun a acondicionamientos sociales.) El reparto era un acierto : reunía a Vincent Price - cuya apostura inquietante le había valido ya el papel del director del museo en la versión de Los crímenes del museo de cera ( The House of Wax, 1953), dirigida por André de Toth, como anteriormente el del misterioso castellano en El castillo de Dragonwyck ( Dragonwyck, 1946), de Joseph L. Mankiewicz -, que incorporaba al siniestro noble, y al nuevo mito del cine de horror, Barbara Steele, en un adecuado papel de mujer perversa.
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