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Este cine tendrá distintos destinos; interno y externo. El fin siempre es patriótico, es decir, apoyar el esfuerzo de la guerra, convirtiéndola en un acto justo. La retaguardia de las naciones se mantiene en combate, gracias a que el cine afianza la idea de que su país está haciendo justicia en el campo de combate. Esto tiene efecto en los países neutrales; la propaganda se pone de manifiesto en países que no participan en la guerra para convencerles de que es justo lo que se hace. Por lo tanto, las películas de esta época tienen dos fines y son de dos tipos; de propaganda y de argumento (con un mensaje propagandístico de fondo).
Acabada la guerra, Europa esta sumida en una crisis económica que impide a la industria cinematográfica seguir a la americana. Hay que añadir que, con la aparición de la televisión (en EE.UU. en 1947 y en Europa en 1950), el cine en general sufre una gran crisis. Desparece el cine
informativo y el de propaganda, y los documentales se realizan con fines
televisivos. La excepción es España,
en la que Franco retrasa la entrada de la
televisión hasta 1960 por no considerarla
importante.
Y atrás quedará la reacción pasotista del cine frente a la televisión, con la creencia de que iba a ser una moda pasajera. Las productoras prohibieron a su personal que trabajara en televisión para evitar desprestigiarse. Walt Disney fue la única que no tuvo inconveniente considerando que el invento tendrá éxito. Y lo tuvo de tal modo que se convirtió en el medio de comunicación líder en poco tiempo. Hasta aquí llega la historia del cine clásico, y lo que continua es otra historia totalmente diferente, que depara nuevos adelantos y acontecimientos al cine. No por ello pierde su interés, sino que crece. Aparecerán nuevos directores, nuevos actores y mejores técnicas, pero siempre quedará la esencia del cine clásico. De los efectos visuales de Meliès a los de Dreamworks hay todo un mundo, pero cada uno ha surgido en un contexto completamente distinto, enganchándonos a la imagen proyectada. Las historia que cuentan son
realidades que ha terminado por diferenciarse mucho... "Pero
siempre nos quedará París". No habrá otro
Bogart,
pero también añoraremos a un Robert
de Niro o a un Al
Pacino. César Fresneda Compra tus películas en DVD con el precio mínimo garantizado © Copyright cineclasico.com
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