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El olfato de David O. Selznick, que había cerrado el trato por la compra de los derechos casi de forma simultánea a la aparición de la novela en el mercado, desbordó todas las previsiones. Toda América alababa la obra de Mitchell y, de igual manera, todas las jovencitas del país ansiaban convertirse en Scarlett. Había sido un enorme éxito nunca imaginado por su autora, que comenzó la obra a raíz de una lesión en el pie que le imposibilitaba seguir con su trabajo como redactora en el Atlanta Journal. Pero aún quedaba mucho para que Selznick viese cumplido su deseo. Tanto el reparto como la elaboración del guión, fueron sin duda los mayores quebraderos de cabeza a que hubo de hacer frente el productor, que ya había mostrado su valía como responsable de uno de los más grandes éxitos de Hollywood: King Kong . Sidney Howard, un escritor muy reconocido de la época, entregó en enero del 37 un primer guión de cinco horas, a todas luces inviable, mientras la elección de los actores y actrices se convertía en una obsesión nacional. Selznick se había empeñado en la búsqueda de una actriz cuando todavía no tenía ni dinero para producir la película, y al fin, se vio obligado a vender sus derechos a la Metro.
Si
actrices de la talla de Bette Davis, Katherine
Hepburn, Miriam Hopkins, Joan
Crawford, Margaret Sullivan o Barbara
Stanwyck fueron desechadas sin ningún miramiento, y nada se sabría
de la candidata final hasta la Navidad de
1938, cuando nada menos que la revista
TIME publicó en portada la foto de Vivien
Leigh, la elección de Clark Gable para representar al capitán Rhett
Butler era desde hacía meses indiscutible. Leslie
Howard, el futuro Ashley Wilkes en
el film, dio algún que otro problemilla con el contrato, y la compañía
consiguió convencerle a cambio de ofrecerle la producción -profesión frustrada
de Howard- de la película Intermezzo. Los
tres actores firmaron el 13 de enero de 1939,
solo faltaban algunos retoques en el guión. En cualquier caso, el rodaje comenzó el día 26 del mismo mes, bajo la dirección de George Cukor, que se entregó de pleno en las tomas con Vivien Leigh y Hattie McDaniel ('Mamita') hasta que tuvo que dejar la película a petición de Selznick. Éste, ni corto ni perezoso contrató al que sería el director oficial, Victor Fleming, que rodaba para la Metro El Mago de Oz, a pesar de la oposición de Leigh, que había hecho migas con Cukor y se sentía insegura sin él. Así pues, el propio David O. Selznick se puso a reescribir el guión del señor Sidney Howard con la ayuda del nuevo director, y en marzo se reanudaba el rodaje. Poco duró la alegría, no obstante, ya que a finales de abril se retiraba Victor Fleming y dejaba paso a Sam Woods, a causa, según se dice, de una monumental depresión.
Tres directores, una conmoción nacional con motivo de la elección de Scarlett O'Hara y un éxito sin precedentes, son el balance final de una de las películas más representativas de la llamada Era Dorada de Hollywood. En un momento histórico en el que Europa se dirigía inexorablemente hacia una nueva guerra a nivel mundial y EE UU, que acababa de sufrir los efectos de la gran depresión de 1929, no buscaba sino alejarse de las contiendas europeas.
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