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Cuando Lewis Jacobs escribió "The rise of the American film" en el año 1939, dedicó todo un capítulo a Chaplin y tan sólo una línea a Keaton. Aquel vivió lo suficiente como para ver cómo vituperaban su obra, al menos en algunos países; y Keaton murió no mucho después de verse rehabilitado. El hecho de que la reputación de uno estuviera inflada durante los cuarenta años en la que la del otro se mantuvo casi totalmente eclipsada, ha dado origen a toda suerte de juicios fuera de tono por lo que respecta a la superioridad de Keaton. John Crosby, sin embargo, tenía razón cuando dijo en el año 1975 que Chaplin "se consideraba claramente como el payaso de todas las épocas, y por eso su material aparece tan débil hoy en día. Buster Keaton se mantiene mucho mejor, aunque no tenía idea alguna de que estaba interpretando para la posteridad".
Nuestra perspectiva y visión del cine es distinta de la que sus contemporáneos: ahora podemos apreciar que Chaplin nunca llegó a dominar el medio en el que trabajaba, y Keaton si. Chaplin era incapaz de interpretar ninguna secuencia de persecución o de acción que no estuviera dentro del equivalente a los límites asignados al decorado. Keaton, sin embargo, comprendió las limitaciones que tenía el cine mudo, y las utilizó. No todos sus cortometrajes nos revelan sus capacidades, pero la totalidad de sus películas mudas nos lo presentan, sin lugar a dudas, como el genio supremo de la pantalla durante la época del cine mudo. Biografía Schenck llegó a un acuerdo con la Metro y así esta compañía contrató a Keaton para The saphead ( El crimen de Pamplinas, 1920), dirigida por Winchell Smith, donde interpretaba el papel de un joven tonto que salva la fortuna familiar especulando en la bolsa de valores. Aun cuando volvió esta imagen -esa cara solemne, esa especie de maniquí con chistera cuyo entrometimiento salva la situación sin aparentemente proponérselo-, el film no es bajo ningún concepto tan gracioso como los que vendrían después. Contrariamente a sus rivales, los papeles que interpretaba eran variados... Mientras que los idilios fílmicos de Chaplin van dirigidos a conseguir lo inalcanzable, y los de Lloyd hacia las chicas más bonitas y atractivas, las escenas de Buster eran exasperantes y lacrimosas. Se movía tanto dentro de la astracanada como de la sátira, la fantasía y la comedia negra. En su primera ocasión actuando solo en una cinta de dos rollos, One week (Una semana, 1920), siguió la tradición habitual utilizando ropa de payaso, pero, libre ya de Arbuckle, se metió a fondo contra el mundo de los cachivaches, en una de esas casas de Hazlo-tú-mismo en la que un rival suyo había manipulado los números de los contenedores. En The high sing (El guardaespaldas, 1921), hecha con anterioridad, también aparecía una casa: el hogar de una sociedad secreta. Esta casa está más animada, con mayor locura, con puertas giratorias y paneles útiles no sólo para poder disponer de vías de escape, sino también para emplearlos como armas. Es menos inventiva, pero un intertítulo nos ofrece la mejor presentación de Keaton: "Nuestro héroe, viniendo de no sabe dónde -el no iba a ningún sitio en particular-, recibe patadas en cualquier lugar."Esta falta de raigambre es la única cosa que Keaton le debe a Chaplin: intentará ganarse la vida de forma docente y honrada, pero la fatalidad y la falta de comprensión le perseguirán siempre dondequiera que vaya. El principio del
fin de Keaton
Produjo entonces The Cameran (1928), sugirió la idea y preparó todos los gags junto con Bruckman. Edward Sedgwick le dirigió, pero, a diferencia de las últimas películas para la Metro, Keaton siempre consideró este film como propio. En esta cinta representa el papel de un fotógrafo decidido a conseguir un empleo con la compañía de noticiarios de la MGM y conquistar a la chica que trabaja allí (Marceline Day, la más bonita de todas las actrices principales que habían trabajado con él). Su animo y sus gestos a veces se parecen a los de un autómata, y por lo tanto, falta la mitad del Buster conocido. Sorprende por su falta de ingenio en la guerra de los Tong. Esta cinta tiene sólo la mitad de las risas que su inmediata predecesora, pero el doble que Spite marriage ( El comparsa, 1929), en la que interpreta el papel de un planchador de pantalones cuyo sueño se hace realidad cuando su estrella favorita ( Dorothy Sebastian) se casa con él de rebote. Esta historia le fue impuesta y se le impidió utilizar el sonido. Le fue prohibida su actuación atlética, por resultar sus acrobacias y piruetas muy arriesgadas, y tuvo que luchar para mantener lo que el creía, adecuadamente, la secuencia más graciosa, esa en la que intenta llevar a una recién desposada un poco ebria a la cama. Keaton creía que estaba destruido, realmente acabado, porque la MGM consideraba que ellos sabían mejor que él mismo cómo hacer un film de Keaton, pero el deteriodo simultaneo de su experiencia matrimonial, tanto como el de sus asuntos con su otro protector, Schenck -que estaba casado con la hermana de su esposa-, bien pudieron haber debilitado su poder creador. En estos dos films controlados por el estudio hay un cierto número de cuestiones rutinarias que son producto enteramente suyo, pero a parte de esa secuencia de la recién casada ebria, nada de lo demás resulta demasiado aceptable. ¿Acaso no es posible que su imaginación se estuviera desgastando?Ya había hecho veinte cortometrajes entre los años 1920 y 1923 y diez películas largas en los años siguientes . El número limitado de obras maestras entre todas éstas nos sugiere el hecho, juzgado en términos medios, de que no podía continuar así para siempre. Compra tu pack de Buster Keaton en DVD con el precio mínimo garantizado © Copyright cineclasico.com
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