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Comedia - Chaplin
EL GRAN DICTADOR / (THE GREAT DICTATOR,
1940)
"Si
yo hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración
alemanes no hubiera podido rodar El Gran Dictador;
no habría tomado a burla la demencia homicida de los nazis."
Charles Chaplin
"De chico me divertía Charlot,
claro, como a todos mis amigos. Pero hoy, que ejerzo como profesional
de la cosa ésta del cine, así en EL
GRAN DICTADOR como en sus otras grandes películas, yo admiro
en Charles Chaplin al actor, al guionista
y al director excepcionales. Descubro en todas esas facetas una exquisita
sobriedad e inteligencia. Saludo en su obra al gran artista creador, a
uno de los grandes genios del Cine, al mago de la pantomima, al maestro
de comicidad. Hay mucha reflexión y autoexigencia en su trabajo,
es un perfeccionista. Le gusta escribir cine, dirigir y actuar. HISTORIA
DE MI VIDA. TAURUS EDICIONES, S.A. MADRID 1965
Inventar.
Y eso se nota. Su hermoso trabajo aún hoy me divierte y emociona.
Todo profesional que ejerce un oficio de arte, de la práctica de
su trabajo va extrayendo unos postulados teóricos. Según
sea el carácter de cada persona, serán más o menos
conscientes. Normalmente, no resulta gratificante el esfuerzo de su exposición.
A muchos les parece que eso es inútil empleo del tiempo, pues suponen,
o sienten, que tales postulados teóricos son demasiado personales
y cada cual irá conformando los suyos propios según su singular
experiencia, gustos y formación intelectual.
En definitiva, que tal parece que lo
principal es hacer la obra y no disertar sobre sus coordenadas creativas.
Pues tales postulados o principios son conclusiones experimentales que
sirven - en el mejor de los casos - para fijar y alcanzar objetivos a
cada cual, y nunca reglas o recetas aptas para general observancia.
En
el caso de Charles Chaplin hay que agradecerle
que, siendo creador de primera magnitud por cantidad y calidad de su obra
cinematográfica, haya dedicado horas de vida a confiarnos, por
escrito, juicios sobre aspectos varios de su oficio, claves que orientaron
su trabajo en el cine. Claves sencillas, precisas, a veces tajantes observaciones
sobre gustos y directrices. Y así comprendemos que, si realizó
su cine de determinada forma, fue porque tenía ideas propias sobre
su arte y su oficio.
Por
ejemplo, en su trabajo como actor, le gustaban "la
sutileza y la sobriedad". Valora cada gesto, ademán
o movimiento. Hijo de actores, ya de niño aprendió a actuar
en la dura escuela del teatro de vodevil y circo, en su Inglaterra natal.
Muy dura escuela tuvo que ser aquella, en verdad. Fue a sus veinticinco
años, siendo ya cómico experimentado, experto de la pantomima,
cuando entró en el cine a través de los estudios de la compañía
Keystone.
Durante un año, llegó
a trabajar en treinta y cinco películas cómicas con Mack
Sennett. A finales de 1914, Chaplin
ya era considerado como uno de los cómicos más populares.
Observaba con atención de poeta el momento presente de la sociedad
en que vivía, porque pensaba que "la comedia debe ser real
como la vida misma": "No pretendo decir que disfruto viendo
una obra de Shakespeare en un escenario.
Mis gustos son demasiado contemporáneos. El teatro de Shakespeare
exige un tipo de representación ostentoso, que no me agrada ni
me interesa... La madre de Hamlet podría haberse acostado con todos
los cortesanos y yo seguiría sintiendo indiferencia por el daño
que había infligido a Hamlet".
Para Chaplin,
el "fundamento básico de un gran actor
es que se agrada a sí mismo cuando representa".
En el actor superlativo ha de darse
un perfecto equilibrio entre inteligencia y sensibilidad: "Ser
todo intelecto sin nada de sensibilidad puede ser la característica
del criminal consumado; y ser todo sensibilidad sin nada de intelecto
es el ejemplo del idiota inofensivo".
Puede
decirse que Charles Spencer
Chaplin nació con el cine y creció
con él, pues si primero lo conoció como arte de imagen trémula
y muda, luego vió cómo se iba transformando en arte de imagen
más serena y precisa, con música y palabra. En cada época
del cine, descubrió para el cine el arte de hacer comedia con los
medios que el cine iba adquiriendo momento a momento. Pertenece al primitivo
grupo de inventores del cine como arte dramático.
Chaplin
fue actor excelso lo mismo tras la máscara del mísero vagabundo,
como a cara descubierta (después de su HYNKEL-BARBERO
vendrían MONSIEUR VERDOUX, el payaso
CALVERO en CANDILEJAS...)
Pero es en El GRAN DICTADOR donde primero
abandona la figura de su clásico personaje
Charlot, para darnos personajes con traza
y vestuario diferente: obediente soldado de recluta en línea de
fuego, perseguido barbero judío, listo, tierno y astuto; y estúpido
dictador con manía de grandeza y poder. Y con todos ellos produce
en nosotros sonrisa o risa espontánea, pues siempre los juega con
todo su arte, con toda su sabiduría de cómico experto en
cien comedias anteriores.
En cada uno de esos momentos interpretativos,
nos ofrece secuencias perfectas, de humor directo y ajustado ritmo: artillero
temeroso de la gran bala que lo olfatea como lobo al acecho, barbero que
rasura a su cliente al compás de la Danza
húngara nº 5 de Brahms, o la privada y loca diversión
del dictador que juega a solas con el globo terráqueo, en expresivo
símbolo de su megalomanía, de su ansia por erigirse en emperador
del mundo. Entre otras secuencias memorables, claro.
En EL GRAN DICTADOR, Charlot-Carlitos
se ha hecho adulto. Ya no viste ropas de vagabundo, como hemos apuntado.
Se ha transformado en disciplinado soldado de recluta forzosa, primero,
y después en honrado ciudadano que ejerce el oficio de barbero,
pero con la mala ocurrencia de haber nacido judío en el país
dominado por el dictador HYNKEL-HITLER,
su otro disfraz.
Pero
Charlot no muere, únicamente se nos
oculta. Porque Charlot, Carlitos, es el niño
que Charles Chaplin siempre llevará
dentro. Sucede sólo que los tiempos, en su constante fluir, traen
guerras y depresiones económicas que cambian las imágenes
sociales, las modas en el vestir, los valores morales, y el vagabundo
de zapatones y bombín ya no puede deambular ocioso por calles ni
caminos. Sería un personaje anacrónico.
En El GRAN DICTADOR
- como en todas sus grandes películas - Chaplin
no sólo muestra su excelencia en el oficio de actor, sino también
su maestría como director y guionista.
El
guión, de línea clara y sencilla en el trazo argumental,
aparece constantemente salpicado de gags de máxima categoría
, imprevistos giros-sorpresa no sólo en el comportamiento de los
personajes humanos, sino incluso en el de objetos humanizados, que se
nos muestran vivos, como la bala malintencionada del
Gran Berta o el asustadizo micrófono.
O las estatuas de la Gran
Avenida Hynkel en el paso triunfal del dictador: a la Venus
de Milo (Venus de Hoy) le ha crecido
un brazo, uno solo, suficiente para alzarlo en saludo nazi. Y el Pensador
de Rodin (El Pensador
del Mañana) que, sin dejar su ensimismamiento, también
alza uno de sus brazos marmóreos en el maldito saludo, por si acaso.
Poco
amigo de movimientos de cámara, con demasiada frecuencia delatores
de la presencia de la máquina tomavistas, aquí el director
CHAPLIN desafía ese peligro y nos
hace entrar en su película con un largo travelling, de carácter
casi documental, sobre batalla de trincheras en la Primera
Gran Guerra; introducción con imágenes serias, graves,
que de inmediato se transforman en sonrisa cuando vemos que nos conduce
al pie de la Grosse Berta, el cañón descomunal de cuyos
disparos se encarga un minúsculo artillero... tirando de una cuerdecita.
El gran cañón , con sus 125
kilómetros de alcance de tiro, éstá destinado en
la realidad a arrasar la ciudad francesa de Reims,
pero en la ficción escupe su primera bala a unos cuantos metros
y rompe la caseta de una letrina.Y la segunda bala se cae de la boca del
cañón al suelo, cabreada y rencorosa, con ánimo asesino
contra el artillero y sus oficiales... Un ridículo parto de los
montes, burla de la bestial tecnología bélica de TOMANIA,
la patria del soldadito.
La
sencillez y sobriedad que CHAPLIN busca en
su actuación, también la quiere en la técnica de
la imagen móvil :"Me sorprende oír a algunos críticos
que la técnica de mi cámara está pasada de moda,
que yo no he evolucionado al ritmo del tiempo. ¿De qué tiempo?
Mi técnica es el resultado de pensar por mí mismo, de mi
propia lógica y de mi propio estudio; no está influida por
lo que hacen los demás. Si en arte uno debe ir con su época,
entonces Rembrand sería un cero a
la izquierda comparado con Van Gogh".
Otro
genio creador del Cine, S. M. Eisenstein
, ya en su momento calificó de sátira exterminadora EL
GRAN DICTADOR, de triunfo de lo humano sobre lo inhumano. Y añadía,
alzando el arte cinematográfico a la misma categoría que
el literario: "Con esta obra, CHAPLIN
se sitúa entre los grandes maestros de la eterna lucha de la Sátira
contra la Tiniebla, al lado de Aristófanes
de Atenas, de Erasmo de Rotterdam,
de François Rabelais de Meudon, con
Jonathan Swift de Dublín, con François
Marie Arouet de Voltaire de Fernay.
¿Cómo surgió el
proyecto?
En 1938 Hitler
ocupa Austria. Cuenta Chaplin
que, por aquellas fechas, intentaba escribir un guión para Paulette
Goddard y no conseguía avanzar en dicho trabajo. Se estaba
preparando otra gran guerra y "¿Cómo podía sumirme
en la volubilidad femenina o pensar en algo novelesco o en los problemas
del amor cuando se estaba exacerbando la demencia de un ser monstruoso
y grotesco llamado Adolfo HITLER?".
La primer idea del asunto se la dio,
según el mismo CHAPLIN confiesa, ALEXANDER
KORDA:
" ...me sugirió
en 1937 que debía hacer yo una historia
de Hitler basada en una falsa identidad,
ya que Hitler tenía el mismo bigote
que Charlot. Yo podía representar
los dos personajes, me indicó. Entonces no había pensado
mucho en aquello; pero ahora era un tema, y yo estaba desesperado por
volver a trabajar. ¡De repente vino a mí
una inspiración! ¡Naturalmente!
En mi papel de Hitler, podía yo arengar
a las multitudes en una jerga de mi invención y hablar todo lo
que quisiera. Y en mi otro papel de vagabundo, podía permanecer
más o menos callado. Una parodia de Hitler
era una ocasión para la burla y la pantomima. Con gran entusiasmo,
volví apresuradamente a Hollywood
y me puse a trabajar en el guión."
Había
que reirse de Hitler: Ése era
el tema de la película EL GRAN DICTADOR,
su causa y finalidad. Chaplin situará
la acción en un período. (HISTORIA
DE MI VIDA. TAURUS EDICIONES, S.A. MADRID 1965) entre
dos guerras, y entre gentes del palacio de un dictador y gentes de un
ghetto. Y el marco dramático, obviamente, será la parodia
dentro de la farsa, la sátira burlesca. Pues el punto de arranque
venía dado por una sor- prendente coincidencia: en la Historia
había aparecido un gran dictador
un Fürher germano que, a la hora de dejarse bigote, copió
el bigote de Charlot... ¿Por qué?
Observa A. Bazin
que es muy posible que el dictador austriaco cometiera esta imprudencia
bajo el efecto de influencias sociológicas inconscientes y sin
ninguna segunda intención personal: "Pero cuando alguien se
llama Adolfo Hitler es preciso que preste
atención a sus cabellos y al propio bigote.
La
distracción no sirve de excusa ni en mitología ni en política.
El ex-pintor de brocha gorda cometió entonces una de sus más
graves faltas. Imitando a Charlot comenzó
una estafa existencial que el otro no olvidó. Y algunos años
más tarde tendría que pagarla cara. Por haberle robado su
bigote, Hitler se entregó a Charlot
atado de pies y manos. El pedacito de existencia que arrancó
de los labios del pequeño judío le permitiría a éste
reclamárselo con ventaja, vaciar por completo toda su biografía
en provecho no exactamente de Charlot, sino
de un ser intermedio, un ser hecho precisamente de pura nada". Porque
Charlot crea a HYNKEL
...."¿Y qué es Hynkel,
sino Hitler reducido a su esencia y privado
de su existencia?".
La
curiosa coincidencia estaba ahí para afrontar el hecho - las consecuencias-
de que, ante el mundo, el cine cómico daba fe de que aquella ridícula
mancha negra, aquel característico dibujo trapezoidal de barbería,
era ya desde hacía tiempo marca internacionalmente patentada por
CHARLOT-CARLITOS("Zapatos,
bastón, bombín,/ un cepillo por bigote y /...¡ya está
listo el monigote! ¡he aquí a CharlesChaplin)".
Recuerdo haber leído tal metáfora el anverso del programa
de mano de TIEMPOS MODERNOS,
programas -prospectos- que repartían los jueves y domingos en el
paseo provinciano y que yo de niño coleccionaba, como casi todos
los niños de un entonces en que el CINE era el suceso maravilloso
de nuestra vida. Recuerdo muy preciso de una infancia en la que Charlot,
con el lenguaje universal de su pantomima, era el mago indiscutible de
la risa, el personaje de las películas más divertidas).
Sí,
el bigote grotesco, el chafarrinón facial a cargo del maquillaje
de Charlot - como rápidamente se percató
A. Korda - era el primer y más fácil
trazo en la caricatura de HYNKEL-HITLER.
Pero el dictador real, el personaje histórico, tenía también
otros puntos de exagerada expresión idóneos para la pantomima
burlesca de un maestro como Chaplin: Desde
el ridículo automatismo del saludo nazi, hasta el amenazador tono
de su voz en los discursos, eléctricamente potenciados por la transmisión
de altavoces y receptores de radio.
Radios, altavoces... Sin aquellos medios
técnicos de transmisión oral para sugestionar masas ¿habría
sido posible el fenómeno Hitler? La imagen, en la película,
resalta aquella circunstancia, y muestra a HITLER-HYNKEL,
como orador en tribuna, como agitador de mitin, situado tras barrera de
abundantes micrófonos. Y matiza la tal circunstancia con gag en
el que uno de tales micrófonos se dobla hacia atrás, asustado
ante la vociferante jerga del personaje, una jerga en la que lo único
inteligible es el tono de feroz amenaza con que está gritada. Y
jerga que se grita, obviamente, con música o acento de idioma alemán.
Parodia genial de la furibunda gesticulación y tono del auténtico
Fürher.
"¿Con
qué ojos mira Chaplin la vida?" se preguntaba Eisenstein.
Y respondía, perspicaz : "Ve los acontecimientos más
inusitados, más penosos y más trágicos, a través
de los ojos de un niño que ríe"..."Con
mirada de ojos infantiles, ingenuos y a la vez sabios".
CHAPLIN,
con su mirada infantil, ciertamente veía al Fürher
germano como un ser monstruoso y grotesco. Y decidió trabajar sobre
el aspecto grotesco de la persona real: Había que reírse
de HITLER a través de la criatura
HYNKEL. Para luchar contra el monstruo, cada
cual debe usar sus mejores armas. La única de que dispone del gran
cómico es la risa. Arma única, sí, pero realmente
poderosa, porque hiere donde más duele al ego dictatorial: en su
estúpida vanidad, en su vacío orgullo de creerse superhombre.
Y CHAPLIN dispara su risa en defensa de quienes
sufrían ya la presencia de los camisas pardas, gentes a las cuales,
desgraciadamente, lo grotesco posiblemente se les aparecería velado
por un terror pánico ante la presencia de lo monstruoso. Pues el
miedo no deja ver el perfil de la fiera, sólo el peligro de sus
fauces.
Como
en las otras grandes películas de Chaplin,
también aquí, en esta magistral comedia, todo parece sencillo,
leve, gracioso, original ("La sencillez es
siempre lo mejor"). Pero fruto de largo y meticuloso trabajo
es, como tiene por norma, la depurada línea narrativa de EL
GRAN DICTADOR. Y su precisa y elegante puesta en escena, y la maestra
ejecución de su ritmo dramático. Su total economía
artística. Cada gesto, cada ocurrencia, cada matiz, es fruto de
disciplinada selección. Cada cosa, cada personaje, está
siempre en su sitio y en su justo momento. Equilibrio y serenidad en el
desarrollo de la farsa, con lo cual se vuelve más contundente su
propósito declarado: reirse de Hitler
con HYNKEL, y de paso también de Mussolini
con NAPALONI. Mostrar, mediante mirada infantil,
ingenua y cruel, a dos dictadores contemporáneos convertidos en
ridícula pareja de payasos políticos.
Dos
millones de dólares y dos años de trabajo dedicaría
Chaplin a la realización de la película.
Y por aquellas fechas no todos los aires soplaban a favor de un proyecto
que hacía burla de lo nazi (y lo fascista, pero sobre todo de lo
nazi). Pues aunque ya se advertía lo grotesco y amenazador del
asunto, aún no se había manifestado totalmente lo monstruoso,
la demencia homicida (la solución final) de aquel movimiento político.
En USA
también había simpatizantes, más o menos declarados,
del dictador y su partido. De ahí que, mediado el rodaje de EL
GRAN DICTADOR, Chaplin comenzó
a recibir alarmantes avisos de la UNITED ARTISTS,
como él mismo nos confiesa en sus Memorias. A través de
la HAYS OFFICE le vaticinaban problemas con
la censura. Pero el maestro de cómicos "estaba
decidido a continuar, pues había que reirse de Hitler".
Tras
la ocupación de FRANCIA y con INGLATERRA
luchando a la defensiva, los mensajes de UNITED
ARTISTS cambiaron de sentido, y ahora le decían "dése
prisa con su película, todo el mundo la está esperando.
La película
se estrenó en 1940, en los teatros Astor
y Capitol, de Nueva York. Y estuvo
quince semanas en cartel. La Academia de Hollywood
nominó EL GRAN DICTADOR como mejor
película del año, y a CHAPLIN
como mejor actor y mejor autor de guión original.
En su papel de Napaloni-Mussolini,
Jack Oakie fue nominado
como mejor actor secundario. Y Meredith Wilson,
por la música.
En
TIEMPOS MODERNOS,
su anterior película (1936) ya existe
el cine sonoro. Pero allí CHARLOT
sigue siendo mudo. El sonido es música, y no palabra. Más
en EL GRAN DICTADOR, CHAPLIN
se decide, al fin, a dar la palabra a sus personajes. Y esta gran farsa
no sólo tendrá ya diálogo sino que además,
en su conclusión, el personaje protagonista se quitará la
doble máscara de barbero judío y dictador nazi para que
el autor, con su propia voz y desde la tribuna política, nos diga
a nosotros, espectadores de la comedia, su pensamiento y sus buenos deseos
como ciudadano del mundo.
Ha
transcurrido más de medio siglo desde que el humilde barbero judío,
en uniforme de dictador, pronunció su discurso de final de película.
Aquel discurso que comenzaba con palabras que todo hombre de bien aún
puede suscribir hoy:
"Lo siento, pero no quiero ser
emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie.
Me gustaría ayudar a todo el mundo- si fuera posible- : a judíos,
gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente.
Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no
para la miseria ajenas. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente.
En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede
proveer a todos." Amén.
Septiembre
2001: Después de poner punto final con el así sea
a este caprichoso comentario de cine sobre una farsa de guerra, odio racista
y locos gobernantes, estrenada en 1940, en
la pantalla del televisor he visto -como otros millones de personas- transmitir
en directo la destrucción, por acción terrorista, de las
Torres Gemelas de Nueva
York. Con el recuerdo aún vivo de aquel horror y también
con dolor ante sus previsibles consecuencias, pienso que podía
haberme ahorrado un amén que ahora sólo se me queda en adorno
retórico. La paz del mundo seguirá siendo, por siempre,
un laudable deseo de los hombres de buena voluntad, y sólo eso.
Con
ocasión de su estreno, la crítica dijo:
El GRAN DICTADOR refleja las ideas de CHAPLIN.
Odia la guerra, desprecia la intolerancia y la crueldad, y sólo
desea que los hombres vivan en paz y en armonía con sus semejantes.
La sátira
contra las dictaduras es franca, certera, y se manifiesta en el momento
oportuno. Y de algún modo, (Chaplin) nos lo dice con la
brillantez de sus mejores momentos. Todas las secuencias, en especial
las relaciones entre Hynkel y Napaloni, poseen la vivacidad creativa y
el fresco ingenio que hicieron de sus viejas películas las obras
maestras del cine cómico".
New York World-Telegram
"La idea de que el pequeño
Charlot, el personaje más querido por todo el mundo, utilice su
gran talento para satirizar al demonio vivo más peligroso, es una
sorprendente paradoja".
The New York Times
"El incomparable Charles Chaplin
ha regresado a la pantalla con una película extraordinaria. EL
GRAN DICTADOR, que se estrenó simultáneamente en el Astor
y el Capitol. Es una mordaz sátira cómica sobre un mundo
que ha enloquecido. Posee la solidez de un humor irresistible. Y también
se inflama de indignación. El solitario pequeño payaso de
anchos pantalones, pequeño bigote y andares indecisos, tiene que
mostrarnos en su última película algo más que las
divertidas aventuras de un inconformista. EL GRAN DICTADOR es un durísimo
y sincero ataque contra el fascismo, donde la sátira es más
importante que la comedia del eterno ser humano que Chaplin tan bien conoce".
New York Herald Tribune
"En resumen, EL GRAN DICTADOR
puede situarse entre las mejores producciones de Chaplin porque persiste
en la tradición de su mejor "slapstick", e incluso le
permite desarrollar su genio satírico a costa de Hitler. Huelga
decir que no hay nada mejor que el mejor Chaplin, pero de vez en cuando
la tragedia contenida en la trama domina sobre la comedia. Risas y lágrimas
no se combinan tan bien en la política. El discurso final demuestra
que esto ha conseguido desequilibrar momentáneamente al propio
Chaplin".
New York Post
(SINOPSIS ELEMENTAL)
1918. La nación de TOMANIA
está en guerra. La atención se centra sobre un pequeño
soldado de recluta, que en realidad es un barbero judío. El pequeño
soldado, primero aparece como artillero al servicio del Gran
Cañón BERTA. Luego sale a combatir en el cuerpo a
cuerpo, y se pierde en la niebla y, cuando la niebla despeja, se ve formando
parte de una patrulla enemiga. Y huye, se esconde, y presta ayuda a un
piloto, que acaba de efectuar un aterrizaje de emergencia porque está
herido. El piloto (SCHULTZ) dice que no está
en condiciones de manejar el avión, y le pide al buen soldadito
que suba al aparato con él, para huir. Y despega el avión,
y vuela hasta que cae y se estrella. TOMANIA
acaba de perder la guerra. Con el golpe, el soldado pierde la memoria
y es ingresado en un hospital.
Cuando
al cabo de los años desaparece su amnesia, el soldado regresa al
ghetto donde tiene su barbería. Se extraña de ver que el
establecimiento esta lleno de polvo y telarañas, pero... lo malo
no es eso, sino que ahora resulta que TOMANIA
está gobernada por el Dictador HYNKEL,
con físico idéntico al del barberillo. Y cuando los matones
de HYNKEL sorprenden al barbero borrando
de la luna de su escaparate la palabra judío, y quieren detenerlo,
él se resiste. HANNAH (Paulette
Goddard), muchacha hermosa y pobre, pero de ánimo combativo,
admira la actitud valiente del barbero y lo ayuda, a sartenazos, a librarse
de los guardias matones. Nace amistad, amor, entre la chica valiente y
el rebelde barberillo.
El
barbero tiene clientes y se pone manos al oficio, feliz. Pero los pardos
matones de HYNKEL vuelven a por él.
Cuando ya se disponen a ahorcarlo a las puertas mismas del ghetto, ocasionalmente
aparece SCHULTZ, ahora convertido en un jefe
del equipo HYNKEL, y al reconocer en el barbero
al buen soldadito que le ayudó en la guerra, ordena su liberación
inmediata y que nadie vuelva a molestarlo...
SCHULTZ
cae en desgracia, por oponerse a la persecución de los judíos
ordenada por HYNKEL, y se refugia precisamente
en el ghetto . Los esbirros del dictador, que ni olvidan ni perdonan,
pillan a SCHULTZ y al barbero huyendo por
un tejado, y los ingresan en un campo de concentración.
Hannah y los suyos emigran a Austerlich,
buscando refugio contra la persecución racista. Y precisamente
la invasión de ese territorio está en la mente de HYNKEL.
Pero también en los deseos NAPALONI,
dictador de BACTERIA. Se produce un encuentro
pacífico entre ambos para establecer acuerdo sobre quién
ha de invadir primero. Para congraciarse con su émulo, el astuto
HYNKEL hasta hace el supremo sacrificio de
bailar con la gorda señora de NAPALONI...
En
maniobra de simulación, HYNKEL- cuyo
ejército prepara ya la inminente invasión de Austerlich
- con vestimenta cinegética se va a un lago a cazar patos desde
una barca. Al primer disparo, el retroceso de la escopeta lo echa al agua.
Llega hasta la orilla hecho un pingajo, y allí sus mismos hombres
lo detienen, tomándolo por el barbero fugitivo, y se lo llevan
preso con destino al campo de concentración.
A todo esto, el barbero y Schultz
han conseguido evadirse del campo de concentración, vistiendo sendos
uniformes militares. Y así caminan caminan carretera adelante,
temiendo que se descubra su atrevido disfraz. Pero auténticos míletes
de HYNKEL "reconocen" a HYNKEL
en el barbero, y como tal lo conducen respetuosamente hasta la tribuna,
ya dispuesta, desde la cual habrá el Dictador de anunciar a la
nación y al mundo, por radio, la invasión de Austerlich.
El
humilde barberillo, que no se ha visto en otra igual, para salir de la
comprometida situación sigue la corriente a los hombres del dictador
y opta por pronunciar un improvisado discurso, pero será "su
discurso", las emotivas palabras de paz y concordia entre pueblos
y razas que le dicta su corazón, y vuelve así del revés
la doctrina de HYNKEL ante sus propios seguidores.
La joven HANNAH,
que escucha el discurso radiado, reconoce en aquellas emocionadas palabras
la voz y el alma de su enamorado barberillo. Y sonríe con sonrisa
de esperanza contra un cielo resplandeciente, ya que el gobierno de TOMANIA
está ahora en buenas manos, piensa, y gracias a ello pronto nacerá
un mundo mejor para todos.
Horacio Valcárcel
Nickel
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