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Comedia - Chaplin
NADA MENOS QUE CHARLIE CHAPLIN
 La
fama de Chaplin fue incluso mayor que las
de " Doug" y "Mary",
y el clamor fue prácticamente unánime. Su "genio"
un hecho aceptado por todos. Probablemente ninguna película de su época
fue tan querida como Shouler arms (Armas al hombro,
1918), en la que representaba a todos esos
"pequeños hombres" que no querían pelear contra el
Kaiser y que tuvieron que sufrir y soportar los fulminantes ataques
durante la guerra de trincheras.
The kid (El
chico, 1921) supuso incluso un mayor
éxito, reconocido, como dice Chaplin en su
autobiografía, como un clásico inmediatamente
después de su estreno en Nueva York, prosiguiendo
su triunfo hasta lograr reembolsar su costo de trescientos mil dólares
muchas veces más. La First National Había
insistido en que el público no quería ver a Chaplin en largometrajes,
pese al éxito tanto de (A
dog´s life, 1918)
como de Shoulder arms de tres rollos cada
una, y el fracaso comparativo con los films posteriores de dos rollos
cada uno, Sunnyside y A day´s pleasure. The
kid era una película de seis rollos y sólo fue proyectada tras
haber librado largas batallas sostenidas con la compañía productora, que
proponía exhibirla como tres películas de dos rollos cada una.
Chaplin
probó tener razón puesto que el mundo entero rió y vociferó con estas
aventuras de aquel vagabundo y su golfillo (Jackie
Coogan), una versión liliputiense de él mismo. La bufonada es particularmente
inventiva en una secuencia en donde el chico rompe las ventanas y vemos
a un Charlie metido a vidriero. Sin embargo,
la secuencia de la fantasía es horrorosa , y resulta difícil poder justificar
el prestigio de Chaplin como un satírico
social por esos planos tan extraños , como la toma que hace la cámara
del crucifijo del hospital, después que la madre había sido apartada de
la puerta.
En
realidad Chaplin se tomó muy en serio la
cuestión de su prestigio, intentando lograr una sátira sobre el rico en
The idle class (Vacaciones,
1921). No obstante, este film tenía una inventiva
cómica extraordinaria (que tiene poco que ver con la sátira). Pay
day (Día de paga, 1922)
es preferible, ya que se trata en realidad de un verdadero sketch como
una prolongación del "music - hall". En esta obra el "hombrecillo" tiene
esposa por vez primera desde Getting acquainted
del año 1914, interpretada por la misma actriz,
Phyllis Allen. Después de esas dos producciones
de dos rollos , Chaplin prosigue con The
pilgrim (El peregrino, 1922)
, un film de cuatro rollos. En la historia se le toma por el predicador
y así se encuentra expuesto a tentaciones (ese cepillo de la ofrenda;
la urgencia por lucirse durante la homilía ), y a sufrir a una horrible
familia y un inoportuno colega de sus días de convicto en la cárcel. El
film, como Easy street, es una obra maestra,
y muestra las pretensiones de buena parte de su obra posterior.
 A
woman of Paris (Una mujer de París,
1923) fue su primera película para la United
Artists, escrita, producida y dirigida por él mismo, y el mejor
medio de expresión para su habitual actriz principal, Edna
Purviance, interpretando un papel de una demimondaire atrapada
entre el amor de su novio campesino (Carl Miller)
y el rico solterón (Adophe Menjou) en París.
Es una obra ni mejor ni peor que la mayoría de las producciones norteamericanas
de aquella época, aun cuando ciertamente inferior a los films de Keaton
y Lloyd
proyectados en los meses siguientes. Sin embargo, Chaplin
(tras haber encargado a Josef Von Sternberg
que hiciera otra película con la Purviance,
que según parece destruyó en un arranque de celos profesionales) volvió
a sus genialidades con The gold rush (La
quimera del oro, 1925), interpretando
el papel del vagabundo que se marcha al helado Norte en busca de oro.
El
film tiene tres magníficas secuencias. En una , hilarante, el vagabundo
y " Big" Jim
(Mack Swain) se encuentran en una cabaña
que, sin saberlo ellos, está situada al borde mismo de un precipicio.
En las otras dos piezas maestras de la mímica , los protagonistas
se encuentran sentados a la mesa comiendo una vieja bota que cuece
en la olla , y de la que Chaplin come
los cordones como si fueran spaghettis, jugando con unos panecillos
" bailarines", clavados en los tenedores , con los que el protagonista
entretiene a una muñeca. Las miradas de Chaplin
a la cámara nos indican claramente que su conciencia como artista
es cada vez mayor.
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Charles Chaplin con Albert Einstein
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El
comentario que él escribió y añadió después para la nueva versión de la
copia en el año 1942 confirma la mediocridad
de su pensamiento: "la ciudad creció, y los seres humanos que la habitaban
le prestaron calor, con sus vidas, sus amores y sus deseos." 
En The circus
(El circo, 1928)
el vagabundo - un payaso de acuerdo tanto con la opinión de sus patronos
como de la joven que en vano adora desde lejos - sufre por culpa de la
mala voluntad de los demás y a causa de su bondad; sólo cuando al final
realiza algunas bufonadas subido al alambre, surge la risa. Chaplin
era consciente de que al film le faltaba algo, ya que no lo mencionó en
sus memorias , y fue precisamente la única de sus actuaciones que no repuso
durante los años cincuenta. Cuando en 1970
consintió que se proyectara, los críticos se mostraron adversos, e incluso
algunos de ellos en Londres recomendaron
a sus lectores que fueran al Academy Cinema a ver a Buster
Keaton. Sin embargo, tanto las reseñas originales
de City lights (Luces
de la ciudad, 1931) como de su primera
reedición del año 1950, se muestran unánimes
al señalar que esta película roza la perfección.
El
"genio" de Chaplin
quedó confirmado por su valor al realizar un film mudo -por aquellas
fechas considerado como forma más pura- en plena euforia del cine hablado.
Incluso el final sensiblero fue admirado, aun cuando tal como ocurrió
con The kid, oscilaba entre los finales felices
de sus primeros films y el rechazo total por parte de la sociedad, o ese
caminar hacia el sol poniente junto a la chica, como ocurre en Modern
times.
En esta cinta el vagabundo se había
enamorado de una cieguecita, y se ve protegido por un millonario que sólo
le reconoce cuando está borracho. En un combate de boxeo Chaplin
confirma que era un gran payaso. La
empalagosa partitura (que dejó huella en todos sus films a partir de entonces),
y los decorados de décima clase refuerzan la idea de que él creía que
su propio "genio" era bastante y suficiente.
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